martes, 28 de febrero de 2012
¡Eh gato!
viernes, 23 de diciembre de 2011
Rosa de los Vientos
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Pensar en imágenes
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| Ilustración de Ed Carosia |
Con la hora encadenada en el bolsillo
Porque Lacaan necesita alguien que lo refute
Necesitas caminar un rato por otras madrugadas,
En cada piazzato
En cada apagón.
domingo, 23 de octubre de 2011
Nada
de lado, tu espalda
de pecho, de nada
de lado, otra vez nada
la áurea luz llama, te llama
de frente tu espalda
de espalda... nada
minutos verdugos
de pecho, de frente
nada, nada
mejor de todo
mejor es todo
hasta que solo queda
nada.
GALLO NEGRO
http://youtu.be/51V1VMkuyx0
lunes, 23 de mayo de 2011
Ver Crecer

Pienso quedarme acá
viendo crecer el árbol.
Quedarme acá
hasta que me llamen “el verde”.
Llegará el niño
con su poesía escolar
loando las ramas.
Y lo marcará el joven
con su primer corazón.
Y lo meará el hombre
Y a sus pies morirá el viejo.
Y cuando sea fuego desearé irme.
Quedarme acá.
viéndolo crecer…
No veré hijos, ni palabras, ni monedas.
Veré crecer el árbol.
Cada tanto lo odiaré
con tantas ganas que querrá huir de mi
Y sus raíces se lo prohibirán
Cada tanto me daré asco
con tantas ganas que querré huir
Y sus raíces me lo prohibirán.
El árbol es mi hermano y mi hermana
Pienso quedarme acá y verlo crecer.
GALLO y NEGRO
lunes, 25 de abril de 2011
La trinidad del mar y la fafafa galopante.

Yo trabajé en una oficina, sí, fría de luz y acolchonada de hits de FM. No usé camisa, ni uniforme, en eso se basaba mi rebeldía hacia el sistema corporativo; eso y mi mutante color de pelo. En cambio Julio, mi compañero de escritorio, brillaba de tan correcto. Camisa, corbata, pantalón de vestir, perfume, gel y hasta algunas veces se animaba suplantar la campera de jean por el saco negro aquel que heredó de su viejo.
El papá de Julio demostró la veracidad que tiene la advertencia que madres, tías y abuelas nos hacen de pequeños: “Hasta tres horas después de comer no podés entrar al agua, es peligroso”. El papá de Julio murió en vacaciones, en una playa brasilera, acalambrado y ahogado mientras intentaba darse un chapuzón inmediatamente después de haber almorzado. Lo ridículo de la situación, contaba Julio sonriendo sin demostrar huellas de congoja, es que su padre se ahogó a pocos metros de la orilla, donde el agua no te llega mas allá de los tobillos. Nadie lo vio caer de boca, estático de dolor e imposibilitado de levantar la cabeza fuera del agua. Murió con la cara enterrada en la arena del Brasil.
Julio era un buen compañero, un tipo de pocas ambiciones y con una capacidad de ahorro nula. En ambas cosas nos parecíamos. Derrochábamos toda nuestra plata entre el almuerzo, la merienda y las visitas a los videojuegos que estaban en la calle peatonal cercana a la oficina. El Doble Dragón era nuestro favorito.
Parecíamos amigos, pero no lo éramos. Éramos compañeros de trabajo, de oficina.
Una vez organizaron una salida entre todos los del trabajo, el motivo fue el festejo del cumpleaños de alguien que yo apenas conocía. Fue extraño verlos a todos en otro lugar que no fuera la oficina… eran como peces de pecera que ahora nadaban en el mar. Fuimos a tomar algo y después a un karaoke que las chicas de administración frecuentaban. Juro que a pesar de pronosticar lo contrario, empecé divirtiéndome mucho. Recuerdo que el flaco Suárez nos sorprendió a todos con su repertorio de Camilo Sesto, se sabía las canciones completas y las cantaba muy bien; Maira (Pegui) cantó y bailó como loca una de Shakira, desafinó un montón, pero se quitó de encima la imagen que tenía de gorda virgen y resentida, ahora era una estrella. Yo, animado por las frutas inundadas de vino que le había comido al clericó, junté cómplices y salté al escenario y cantamos Sin Documentos de Los Rodríguez, lo hicimos con tanta gana y tanta soltura que los encargados del lugar nos enviaron de regalo a la mesa otra jarra de dulce (y venenoso) clericó. Transgredíamos las barreras de la formalidad de todos los días con el leve desenfreno que la situación nos concedía.
- ¡Cantá Julio! – le grité exageradamente, haciéndome el gracioso. Me miró. Su mirada estaba limpia, solo había tomado agua sin gas durante toda la noche. Me sentí mal y bajé el tono de mi voz.
- ¿No tenes ganas de cantar? No importa, es una boludez… ¿Viste Pegui como cantó?...- dije, buscando caer bien con la conversación… él, sin dejar de mirarme hizo un gesto, una sonrisa compasiva creo; mi mirada dilatada no me dejó distinguir bien. Se levantó, me dio dos palmaditas en la espalda y se alejó, hoy también vestía camisa, corbata, pantalón de vestir, perfume y gel; colgada en el respaldo del asiento de su silla descansaba la campera de jean.
Escuché los pasos de Julio cuando subió los tres escaloncitos del escenario, había mil ruidos en el lugar, pero yo pude escuchar esos pasos y también escuché los otros, los que dio para llegar hasta el micrófono… vi como sus ojos se proyectaron hacia la profunda inmensidad de algún lugar, vi eso y también vi los dos rayos de luz que lo atravesaron cuando comenzó a cantar, lo vi brillar… y mientras brillaba, y mientras cantaba, alrededor de él vi el mar… y a las criaturas que nadaban mansamente… Julio dentro de su traje de corales brillantes apenas movía los labios y dejaba escapar su voz; cantaba una de Bowie. Y yo me aprovechaba de aquella imagen que regalaba. El ruido del lugar seguía, intentaba ahogarlo, acalambrarlo y ahogarlo, a él y al mundo que creaba…
Trepé a una mesa, pateé unos vasos, salpiqué y grité:
- Malditos borrachos, estúpidos drogadictos, prostitutas roñosas… ¿Piensan que viven? ¡Zombies decadentes! Vayan a emparchar sus sonrisas manchadas y sus bombachas. ¡Putas! ¡Negros! ¡Carniceros del espíritu! Maricas refugiados en estados embusteros elaborados por ingredientes pendencieros de la voluntad… ¡Señores de pija parada! Observen a la trinidad del mar en escena, es Neptuno, Tritón y Poseidón… observen su gracia, que hoy, manga de hijos e hijas de una gran puta, ha tenido la delicadeza de posarse sobre vuestras estúpidas narices destrozadas. ¡Aprecien la hermosura! ¡Aprecien la pureza! ¡Asnos! ¡Asnos! Dan asco con sus babosos dedos titilantes ¡Escuchen los golpes que surgen desde su interior! ¡Busquen la forma! Mírense, con sus vasos coquetos y sus platillos tibios… Hoy me domina un gran placer, el gran placer de ver sus inútiles desvaríos de grandeza en este ámbito miserable, en este mundo de mala espina… ¡Desángrense! ¡Bestias! Desángrense corriendo detrás de la velocidad del tiempo… ¡Cuánto mas rápidos, mas muertos! Desángrense basuras, mientras la belleza mas natural les pasa suavemente por su lado… - a partir de ahí ya no recuerdo mas nada… caí al piso, o me obligaron a bajar de la mesa de un botellazo, no lo sé.
Desperté en casa. La noche aun estaba en mi cabeza dando puntapiés en mi ojo y en mi sien izquierda. Algo en mí raspaba el fondo. Fui a tomar agua. Encontré en la heladera una nota agarrada a un imán uruguayo que tengo. “Lo de anoche fue hermoso, pero te imaginarás que por obvias razones no podemos divulgarlo en la oficina. Beso mi pececito”. Mi pulgar tapaba la firma del autor de aquella nota. Dudé. Corrí el pulgar. “Mayra (Pegui)” y un corazón remarcado
sábado, 26 de marzo de 2011
Historia Nos
-Voy a escribir nuestra historia- me dijo.
Serge Gainsbourg me había advertido hace mucho tiempo atrás sobre el peligro que representaba una mujer como esta. “¡Es la mujer!” dijo Serge. Estaba borracho cuando lo dijo.
-Toda nuestra historia – dijo ella.
¿Qué historia? Si nosotros solo tenemos algunos momentos; felices pero pequeños, no le podemos llamar a eso historia.
Esta muchacha era obstinada. Sentada frente al escritorio de madera blanca, inundado de la luz que la “champagne” francesa disparaba desde la ventana de aquel adorable cuarto, ella sostenía un lápiz y un par de hojas resuelta a llevar a cabo su deseo.
- No me van a alcanzar estas hojas para escribir nuestra historia – insistía con un ingenuo aire de preocupación. Estaba despeinada (como siempre), sin maquillaje (como siempre), con sus pies y piernas desnudos (como me gustaba verla siempre) y cubierta con esa camisa liviana de hombre, que no era mía, ni de ella, y no quise preguntar de quién.
Se lo iba a decir, iba a aclararle que nosotros no tenemos historia, que dos hojas eran muchísimo mas que demasiado espacio para escribir algo sobre nosotros, que solamente una palabra alcanzaría para describir todo “lo nuestro”… se lo iba a decir, pero al ver su rostro iluminado, explorando con cierta extrañeza las coreografías que las minúsculas partículas de polvo hacían sobre un rayo de sol, decidí callar, decidí dejarla seguir con su plan de escribir lo que ella quisiera. Me senté a los pies de la cama (colchón de plumas) y esperé a que terminara.
Sé de vos
Colchón de pasto
Y de los paisajes paseándose por la ventanilla
Sé de las ganas de abrazarte horas.
De tu boca y la profundidad de tu mirada.
Sé de las gotas saladas de tu espalda.
Y la presión de tus manos.
Sé como se anudan tus piernas
Y como desanudarlas.
Sé de las campanas que resuenan en tu garganta
Y de los chasquidos de los pequeños huesos de tu mandíbula
Sé del peso de tus pasos sobre la madera.
Y de la huella de tu cabeza en la almohada.
Te he visto correr al baño.
Y comer de pie ante la heladera.
He montado el ritmo de tu respiración.
Y he soñado debajo de tu pera dormida.
Sé que hemos logrado pertenecernos
Mínimamente
Eternamente
Se que hemos hecho historia.
Y por eso puedo escribirla.

- Tenías razón – me dijo despertándome del encantador ensueño que ella provocaba.
- Me alcanzó con mucho menos que una hoja – Sonreía, sacudiendo el papel como si fuera un pañuelo.
GALLO NEGRO


